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¿Qué es la meditación?
Lo primero que hay que tener presente es que la meditación
es una tarea ardua. Cerrar los ojos y retirar la consciencia
de los reinos de la experiencia objetiva no es meditar.
El término sánscrito exacto para la meditación es dhyana,
que significa, consciencia total, es decir, que en ningún
caso puede ser consciencia parcial, disminuida o hipnótica;
tiene que ser total. Los sueños por ejemplo, representan
un estado de consciencia parcial, igual que pueden serlo
las experiencias psicodélicas.
Cuando la diferencia entre
la percepción interna y la externa desaparece, a ese
estado se le llama dhyna. De la misma manera que puedes
ver un objeto en el exterior, puedes verlo en el interior,
con la misma cualidad de percepción; eso es dhyna.
Cerrar los ojos y retirar
la mente de los sentidos y de los objetos que los estimulan
es, en realidad, preparación para la meditación, pero
no es la meditación en sí. La importancia y las maravillas
de la meditación se han investigado y juzgado desde
todas las perspectivas, y hay cientos de libros sobre
el tema, escritos por yoguis, religiosos y científicos.
Sabemos
que la meditación no es sólo un ejercicio místico.
Durante las últimas décadas se han recopilado
bastantes evidencias de que la práctica regular
no sólo tiene efectos en la consciencia, sino
también sobre la mente y el cuerpo. |
El camino de ajapa
Quisiera hablar de uno de los métodos que nos pueden llevar
hacia la meditación. Es una técnica muy antigua, que ya
se menciona en los Vedas y los Upanishads, y que también
enseñó Buda. No voy a entrar demasiado en los aspectos
teóricos y científicos, pero todos sabemos lo importante
que es la meditación en la vida cotidiana para las enfermedades
del cuerpo, la mente y el espíritu.
En nuestro país se publican cada año
numerosos manuales científicos en los que se examinan
con detalle sus efectos sobre las ondas cerebrales,
el sistema cardiovascular, los pulmones, los riñones,
el consumo de oxígeno, etcétera, así que no hablaré
de ello aquí.
En realidad, para la meditación sólo
existe un método, pero antes de llegar a él se puede
recurrir a varias técnicas, adecuadas al temperamento
y capacidad de cada uno. No cualquier técnica sirve
para todo el mundo, pero hay algunas, como ésta, que
llevan practicándose desde hace miles de años y son
útiles para todo tipo de naturalezas. Se trata de la
meditación de la respiración llamada ajapa japa.
Japa es consciencia continua, y, ajapa
significa espontáneo. Así, pues, ajapa japa es, realmente,
la consciencia espontánea. La espontaneidad de la consciencia
se mantiene al permanecer consciente del flujo respiratorio
en cada momento. Todos sabemos que estamos continuamente
respirando, pero pocas veces nos damos cuenta, por no
hablar de ser conscientes de ello. Por otra parte, en
general respiramos sin esfuerzo, es algo que pasa naturalmente;
eso es la espontaneidad. De la misma manera, la consciencia
de la respiración ha de salir de forma espontánea.
Uno puede concentrar la mente en un
objeto, pero entonces no mantiene la espontaneidad;
en la mayoría de la gente la mente no es espontánea,
no tiene continuidad, porque la distracción es inherente
a su naturaleza. Sin embargo, la respiración es siempre
espontánea y continua, tanto durante la noche como bajo
los efectos de la anestesia, y así es como debería ser
también la consciencia de la respiración.
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Lo mejor es observar
la mente, tanto cuando esté distraída como concentrada. |
El estado mental
¿Cuál tendría que ser nuestra actitud hacia las distracciones
de la mente durante la meditación? Algunas escuelas
dicen que hay que controlar los pensamientos en seguida,
mientras que otras, que es mejor darles rienda suelta.
En mi opinión, hemos de hacer ambas cosas; unas veces
darles rienda suelta y otras apretar los tornillos.
No se puede manejar la mente ni ejerciendo demasiado
control ni soltando completamente cualquier restricción.
A la hora de manejar la mente hay que ser muy cauteloso,
porque, aunque tiene un funcionamiento autónomo, no
por ello deja de ser parte de uno mismo; la mente distraída
es parte de la misma persona que quiere controlarla.
Si pretendemos dominarla completamente, creamos una
escisión, pero si la dejamos libre, su disipación no
tiene fin.
Por eso, lo mejor es observarla, tanto
cuando esté distraída como concentrada.
El despertar interior
¿Cuál tendría que ser nuestra actitud
hacia las distracciones de la mente durante la meditación?
Algunas escuelas dicen que hay que controlar los pensamientos
en seguida, mientras que otras, que es mejor darles
rienda suelta. En mi opinión, hemos de hacer
ambas cosas; unas veces darles rienda suelta y otras
apretar los tornillos. No se puede manejar la mente
ni ejerciendo demasiado control ni soltando completamente
cualquier restricción. A la hora de manejar la
mente hay que ser muy cauteloso, porque, aunque tiene
un funcionamiento autónomo, no por ello deja
de ser parte de uno mismo; la mente distraída
es parte de la misma persona que quiere controlarla.
Si pretendemos dominarla completamente, creamos una
escisión, pero si la dejamos libre, su disipación
no tiene fin.
Cualquier buscador en el camino espiritual
debe tener presente que la consciencia interior no es
una cualidad disminuida de la consciencia en mayúsculas,
es decir, no es soñar, no son alucinaciones, visiones,
o la creación de objetos que no existen. En la consciencia
verdadera, el cambio en el estado de consciencia es
mínimo, porque es la misma que estaba operando hacia
el exterior, la misma con la que ahora ves y reconoces
todo lo que te rodea. Es la misma consciencia a través
de la cual conoces el tiempo, el espacio y el objeto.
La experiencia interior es igual de real y efectiva
que la exterior, la única diferencia es que con una
se es consciente de objetos finitos y perecederos, y
con la otra, de lo imperecedero, lo infinito, la totalidad.
No cometan la equivocación, como muchos
eruditos académicos, de comparar ese estado con el sueño.
En el sueño no hay consciencia, y en el samadhi*, en
cambio, la consciencia es total. También es erróneo
comparar ese estado con el normal y cotidiano, pues
la consciencia no está separada del tiempo, el espacio
y el objeto, sino que es parte del Ser, el atman*.
Sea lo que sea el Ser —gozo, luz, universo,
oscuridad, un fantasma, el sol o la luna—, su percepción
es igual que la que ahora tienes de los objetos que
te rodean, así que no intentes disminuir la consciencia,
pensando que con la meditación la mente se hace menos
activa.
En todos los textos de yoga se dice
que la consciencia interna es el despertar total, y
en el segundo capítulo del Bhagavad Guita hay un verso
que la define como «la luz del día». Si estás meditando
y las experiencias que tienes parecen sueños, recházalas,
pues son experiencias hipnóticas.
Para ilustrar esto os daré un ejemplo
de una de mis propias experiencias. En 1963, el 14 de
julio a las 3:03 h de la madrugada estaba durmiendo
en mi cama, en Munger, en la India. De repente tuve
un despertar interior y me pareció estar en Rishikesh,
donde vivía mi maestro. Me veía de pie, en la orilla
derecha del río Ganges mientras un barco de vapor lo
cruzaba hacia el otro lado, con mi maestro, Swami Sivananda,
sentado en él. Había música, sonaban trompetas, conchas
y campanas. De repente Swami Sivananda se volvió para
mirarme, y al mismo tiempo la hélice del barco me echó
agua encima. Ahí terminó.
Esto es el despertar interior: ver
tu ishta devata*, tener de él una visión personal, de
carne y hueso. Sea quien sea tu ishta: Rama, Krishna,
Cristo, Gurú o Shiva, ha de ser real, por muy difícil
que parezca
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