Yoga World Portada

 

 


 
Yoga World


Número 5




La experiencia interior es igual de real y efectiva que la exterior.

El despertar interior


Descargar artícu
¿Qué es la meditación?

Lo primero que hay que tener presente es que la meditación es una tarea ardua. Cerrar los ojos y retirar la consciencia de los reinos de la experiencia objetiva no es meditar. El término sánscrito exacto para la meditación es dhyana, que significa, consciencia total, es decir, que en ningún caso puede ser consciencia parcial, disminuida o hipnótica; tiene que ser total. Los sueños por ejemplo, representan un estado de consciencia parcial, igual que pueden serlo las experiencias psicodélicas.

Cuando la diferencia entre la percepción interna y la externa desaparece, a ese estado se le llama dhyna. De la misma manera que puedes ver un objeto en el exterior, puedes verlo en el interior, con la misma cualidad de percepción; eso es dhyna.

Cerrar los ojos y retirar la mente de los sentidos y de los objetos que los estimulan es, en realidad, preparación para la meditación, pero no es la meditación en sí. La importancia y las maravillas de la meditación se han investigado y juzgado desde todas las perspectivas, y hay cientos de libros sobre el tema, escritos por yoguis, religiosos y científicos.

Sabemos que la meditación no es sólo un ejercicio místico. Durante las últimas décadas se han recopilado bastantes evidencias de que la práctica regular no sólo tiene efectos en la consciencia, sino también sobre la mente y el cuerpo.

El camino de ajapa
Quisiera hablar de uno de los métodos que nos pueden llevar hacia la meditación. Es una técnica muy antigua, que ya se menciona en los Vedas y los Upanishads, y que también enseñó Buda. No voy a entrar demasiado en los aspectos teóricos y científicos, pero todos sabemos lo importante que es la meditación en la vida cotidiana para las enfermedades del cuerpo, la mente y el espíritu.

En nuestro país se publican cada año numerosos manuales científicos en los que se examinan con detalle sus efectos sobre las ondas cerebrales, el sistema cardiovascular, los pulmones, los riñones, el consumo de oxígeno, etcétera, así que no hablaré de ello aquí.

En realidad, para la meditación sólo existe un método, pero antes de llegar a él se puede recurrir a varias técnicas, adecuadas al temperamento y capacidad de cada uno. No cualquier técnica sirve para todo el mundo, pero hay algunas, como ésta, que llevan practicándose desde hace miles de años y son útiles para todo tipo de naturalezas. Se trata de la meditación de la respiración llamada ajapa japa.

Japa es consciencia continua, y, ajapa significa espontáneo. Así, pues, ajapa japa es, realmente, la consciencia espontánea. La espontaneidad de la consciencia se mantiene al permanecer consciente del flujo respiratorio en cada momento. Todos sabemos que estamos continuamente respirando, pero pocas veces nos damos cuenta, por no hablar de ser conscientes de ello. Por otra parte, en general respiramos sin esfuerzo, es algo que pasa naturalmente; eso es la espontaneidad. De la misma manera, la consciencia de la respiración ha de salir de forma espontánea.

Uno puede concentrar la mente en un objeto, pero entonces no mantiene la espontaneidad; en la mayoría de la gente la mente no es espontánea, no tiene continuidad, porque la distracción es inherente a su naturaleza. Sin embargo, la respiración es siempre espontánea y continua, tanto durante la noche como bajo los efectos de la anestesia, y así es como debería ser también la consciencia de la respiración.

Lo mejor es observar la mente, tanto cuando esté distraída como concentrada.


El estado mental
¿Cuál tendría que ser nuestra actitud hacia las distracciones de la mente durante la meditación? Algunas escuelas dicen que hay que controlar los pensamientos en seguida, mientras que otras, que es mejor darles rienda suelta. En mi opinión, hemos de hacer ambas cosas; unas veces darles rienda suelta y otras apretar los tornillos. No se puede manejar la mente ni ejerciendo demasiado control ni soltando completamente cualquier restricción. A la hora de manejar la mente hay que ser muy cauteloso, porque, aunque tiene un funcionamiento autónomo, no por ello deja de ser parte de uno mismo; la mente distraída es parte de la misma persona que quiere controlarla. Si pretendemos dominarla completamente, creamos una escisión, pero si la dejamos libre, su disipación no tiene fin.

Por eso, lo mejor es observarla, tanto cuando esté distraída como concentrada.

El despertar interior
¿Cuál tendría que ser nuestra actitud hacia las distracciones de la mente durante la meditación? Algunas escuelas dicen que hay que controlar los pensamientos en seguida, mientras que otras, que es mejor darles rienda suelta. En mi opinión, hemos de hacer ambas cosas; unas veces darles rienda suelta y otras apretar los tornillos. No se puede manejar la mente ni ejerciendo demasiado control ni soltando completamente cualquier restricción. A la hora de manejar la mente hay que ser muy cauteloso, porque, aunque tiene un funcionamiento autónomo, no por ello deja de ser parte de uno mismo; la mente distraída es parte de la misma persona que quiere controlarla. Si pretendemos dominarla completamente, creamos una escisión, pero si la dejamos libre, su disipación no tiene fin.

Cualquier buscador en el camino espiritual debe tener presente que la consciencia interior no es una cualidad disminuida de la consciencia en mayúsculas, es decir, no es soñar, no son alucinaciones, visiones, o la creación de objetos que no existen. En la consciencia verdadera, el cambio en el estado de consciencia es mínimo, porque es la misma que estaba operando hacia el exterior, la misma con la que ahora ves y reconoces todo lo que te rodea. Es la misma consciencia a través de la cual conoces el tiempo, el espacio y el objeto. La experiencia interior es igual de real y efectiva que la exterior, la única diferencia es que con una se es consciente de objetos finitos y perecederos, y con la otra, de lo imperecedero, lo infinito, la totalidad.

No cometan la equivocación, como muchos eruditos académicos, de comparar ese estado con el sueño. En el sueño no hay consciencia, y en el samadhi*, en cambio, la consciencia es total. También es erróneo comparar ese estado con el normal y cotidiano, pues la consciencia no está separada del tiempo, el espacio y el objeto, sino que es parte del Ser, el atman*.

Sea lo que sea el Ser —gozo, luz, universo, oscuridad, un fantasma, el sol o la luna—, su percepción es igual que la que ahora tienes de los objetos que te rodean, así que no intentes disminuir la consciencia, pensando que con la meditación la mente se hace menos activa.

En todos los textos de yoga se dice que la consciencia interna es el despertar total, y en el segundo capítulo del Bhagavad Guita hay un verso que la define como «la luz del día». Si estás meditando y las experiencias que tienes parecen sueños, recházalas, pues son experiencias hipnóticas.

Para ilustrar esto os daré un ejemplo de una de mis propias experiencias. En 1963, el 14 de julio a las 3:03 h de la madrugada estaba durmiendo en mi cama, en Munger, en la India. De repente tuve un despertar interior y me pareció estar en Rishikesh, donde vivía mi maestro. Me veía de pie, en la orilla derecha del río Ganges mientras un barco de vapor lo cruzaba hacia el otro lado, con mi maestro, Swami Sivananda, sentado en él. Había música, sonaban trompetas, conchas y campanas. De repente Swami Sivananda se volvió para mirarme, y al mismo tiempo la hélice del barco me echó agua encima. Ahí terminó.

Esto es el despertar interior: ver tu ishta devata*, tener de él una visión personal, de carne y hueso. Sea quien sea tu ishta: Rama, Krishna, Cristo, Gurú o Shiva, ha de ser real, por muy difícil que parezca

 

 


© Yoga World. All rights reserved. Reproduction in whole or in part in any form or
medium without express written permission from Yoga World is prohibited.