La esencia y origen de toda
tradición es la continuidad. Para entender esto, todo
lo que hemos de hacer es observar la naturaleza, de donde
se pueden extraer algunos de los mejores ejemplos. Los planetas,
las estaciones, las plantas, los animales, los minerales y
los seres humanos están todos regidos por una serie
de reglas que la naturaleza ha constituido en forma de tradición.
Estas pautas nunca cambian. ¿Acaso se han despertado
alguna vez para encontrar que el sol no ha salido por la mañana
o que la luna no ha iluminado la noche?
No, de ninguna
manera. Hay incontables ejemplos que demuestran la total y
absoluta continuidad en las tradiciones de la naturaleza.
El propósito de la tradición es trasmitir el
conocimiento útil. Todo lo que conocemos hoy de nosotros
y el mundo en el que vivimos es gracias a las tradiciones
formuladas a lo largo de las épocas por diferentes
civilizaciones. En consecuencia, en el mundo conviven hoy
una gran variedad de tradiciones, ya sean sociales, culturales,
religiosas, educativas, espirituales, económicas o
bélicas. Gracias a estas tradiciones, el hombre actual
está más adelantado que su antecesor, el hombre
primitivo, puesto que tiene una gran cantidad de información
útil. Esto ahorra tiempo, esfuerzo y permite que el
progreso en las distintas facetas de la vida sea mucho más
rápido. Muy a menudo la tradición proporciona
la clave para resolver problemas para los que no tenemos respuesta.
Las tradiciones dan estabilidad a la vida, una estabilidad
que permite la continuidad, la evolución de la sociedad,
el florecimiento de la cultura, los nuevos descubrimientos
y el cumplimiento de nuevas hazañas. Las tradiciones
de la naturaleza ejemplifican esta estabilidad. El hombre
habría sido incapaz de alcanzar el actual nivel de
desarrollo si la naturaleza hubiera sido errática y
caprichosa en sus tradiciones. La palabra sánscrita
para tradición es parampara*, un vocablo que también
hace hincapié en la continuidad. Literalmente significa
lo que era presente ayer, está hoy y existirá
mañana. La clave para formar una tradición,
por tanto, descansa sobre la homogeneidad. Si hay una interrupción,
deja de haber tradición.
La
interrupción de la tradición Hay muchos factores que pueden provocar la interrupción
de la tradición. Muchos de ellos son circunstanciales,
como una invasión o una conquista, en las que nuevos
gobernantes implantan sus tradiciones para reemplazar las
viejas. La aceptación de estas nuevas tradiciones suele
ir impuesta mediante medidas estrictas, de modo que no queda
más remedio que seguirlas. Las migraciones son otro
factor circunstancial importante para una interrupción
en la tradición, y los nuevos horizontes traen inestabilidad
y cambios en el estilo de vida. A menudo, debido a un entorno
poco propicio, las viejas tradiciones han de ser dejadas de
lado y finalmente caen en el olvido. Las nuevas generaciones
que nacen y crecen en un entorno diferente adoptan las tradiciones
de su lugar natal como parte de su herencia natural. En términos
generales, estas interrupciones están causadas por
accidentes en la historia. Hay otro tipo de interrupciones
que se debe a defectos inherentes de determinada tradición
que no pueden ser rectificados. Si la tradición no
es perfecta, no es útil para los tiempos venideros;
sólo es útil durante un corto período
de tiempo y en una situación determinada, y cuando
esta situación cesa, la tradición deja de tener
sentido.
Cuando el origen de una interrupción en la tradición
es un accidente en la historia, la tradición puede
recuperarse en un momento favorable. No obstante, si la tradición
es imperfecta se pierde para siempre y no puede ser restablecida,
puesto que es natural conservar lo que es útil y descartar
todo lo inútil e imperfecto.
Visión
y previsión, ingredientes esenciales Además de la homogeneidad, hay otro aspecto esencial
del cual depende la continuidad de una tradición, y
es la previsión, la visión de futuro. Quienes
constituyen las tradiciones no son personas corrientes como
usted o como yo. Ellos han nacido para la grandeza, y cuando
mueren dejan detrás una parampara. Ellos tienen la
habilidad de prever el futuro y saber cómo se moldeará
una tradición a medida que la sociedad evolucione.
La sociedad no es estática, sino que cambia continuamente.
¿Quién sabe en qué dirección soplará
el viento de aquí a dos cientos años? ¿Qué
sentido tendrá entonces una tradición formulada
cientos o miles de años atrás? ¿Degenerará,
será abandonada o simplemente morirá?
Ésta
es la razón por la cual las tradiciones más
antiguas son las más sanas y estables: su antigüedad
les proporciona profundidad. Resisten el paso del tiempo porque
son perfectas y eficaces. Han soportado la embestida de los
años y los estragos de la historia, y han alcanzado
el siddhi*, la perfección, han llegado a ser sanatan*,
eternas. Actualmente estas tradiciones sanatan son las que
merecen una atención especial, puesto que han sido
constituidas para la conservación de la vida. Estas
tradiciones fueron establecidas por hombres con una visión
profunda y una clara percepción del futuro. Es su regalo
para la evolución ininterrumpida y continua de la humanidad.
La adaptación
de las tradiciones Para alcanzar esta categoría de eterna, es necesario
que las tradiciones no sean sectarias. No deberían
ser aplicables solamente a uno o dos grupos de personas sino
a toda la humanidad. La vida es universal, la naturaleza de
los problemas y las situaciones que afronta el hombre en su
viaje por la vida es la misma en todo el mundo. Amor, ira,
odio, ansiedad, inquietud, placer y pena son cualidades universales,
existen en todos nosotros. ¿Hay alguna diferencia entre
la ira de un ruso y la de un indio? No, ninguna. Las cualidades
humanas son las mismas en todas partes, no importa a qué
país, clase, credo o religión se pertenezca.
¿Existe algo conocido como dolor cristiano o placer
hindú? Dolor es dolor y placer es placer, no importa
quién y en qué parte del mundo se sienta.
Una tradición basada en el conocimiento de la vida
es capaz de ajustarse, adaptarse y reorientarse a medida que
cambian los tiempos. No deja que la rigidez se establezca,
no se estanca como el agua de una charca. En lugar de eso,
fluye con la corriente como un río que lleva agua fresca
en forma de ideas y pensamientos. Una tradición que
no pueda cambiarse o adaptarse una vez formada no es una tradición
útil. Las buenas tradiciones tienen la facultad de
evolucionar y absorber nuevas ideas que la harán más
perfecta y apropiada para el hombre. La rigidez es, sin duda
alguna, otra causa de la interrupción y muerte irrevocable
de las tradiciones.
La
tradición como herramienta de supervivencia de las
civilizaciones La tradición
es importante porque es sinónimo de supervivencia.
Las civilizaciones que mantienen y sostienen tradiciones limitadas
en el tiempo también se encuentran con un destino limitado.
¿Dónde están las grandes civilizaciones
del pasado? Borradas y olvidadas. Si existen es solamente
en las páginas de la historia. La verdadera prueba
para una tradición es la continuidad, y sobrevive solamente
si es tan preciada que perderla significaría perder
conocimientos sobre la vida.
Cada civilización tiene su propio y único dhara*,
o flujo de pensamiento, a través del cual se puede
rastrear las tradiciones que ha sostenido a lo largo de las
épocas. Estas tradiciones dan a la civilización
su propio y peculiar sistema de valores que las caracteriza
y distingue de otras. Algunas civilizaciones tienen una mente
guerrera y no piensan en nada más que en la invasión
y la conquista. Otras son comerciantes por naturaleza y sólo
piensan en términos de ganancia y pérdida. También
las hay exploradoras, que van siempre a la búsqueda
de nuevos horizontes y descubrimientos. Algunas son terroristas
en pensamiento, palabra y acción y ven la vida solamente
a través del cañón de una pistola. Otras
son gitanas, siempre moviéndose de un lugar a otro
sin una tierra que puedan llamar propia. Las hay que son filosóficas
por naturaleza y observan la vida desde todos los ángulos,
no sólo la vida manifiesta sino también la que
sólo se insinúa. Esta inclinación de
la mente es la que influye en las tradiciones y determina
el comportamiento, las reacciones, las respuestas y, subsecuentemente,
la longevidad de las civilizaciones.
Tradiciones
de Bharatavarsha, la India original Lo que hace que esta tierra llamada Bharatavarsha sea única
es que aquí no son sólo una o dos tribus o gentes
las que conocen y practican las tradiciones más antiguas
conocidas sino que vibran y viven en todos y cada uno de los
hogares. Incluso actualmente, después de haber pasado
por tantas generaciones, estas tradiciones son virtualmente
practicadas y conocidas en todas y cada una de las familias.
¿Quién pensó en las tradiciones? ¿Quién
las preservó y las transmitió? Son tradiciones
a las que debemos mucho, ya que nos hablan acerca de la vida
y de cómo vivirla. No son sectarias, ni religiosas,
son para todos. Son científicas y filosóficas.
La filosofía que imparten explica cómo vivir
la vida plenamente y conservar el verdadero propósito
del nacimiento. La ciencia que promulgan es la manera y el
método de impulsar la humanidad hacia esta realización.
Rishis y munis,
los fundadores de las grandes tradiciones védicas Son los antiguos videntes, los rishis
y munis de los Vedas, con quienes tenemos esta deuda. Ellos
observaron la naturaleza, la mayor fábrica de tradiciones
de todos los tiempos, y se dieron cuenta de que la continuidad
es el factor más importante para preservar una tradición.
Ellos también supieron que esta continuidad no podría
mantenerse a través de distintas razas o civilizaciones,
puesto que éstas están sujetas a los vaivenes
del tiempo. Pero las ideas y los pensamientos no tienen barreras
y una vez han nacido, si se conservan cuidadosamente, pueden
sobrevivir para siempre. Para transmitir estas ideas crearon
la tradición más valiosa conocida por el hombre,
el gurú parampara. Esta tradición es la gema
más preciosa y maravillosa del tesoro de la tierra
conocida como Bharatavarsha. Es una tradición sin par
que asegura la continuidad sin interrupciones de las experiencias
de los videntes védicos. El gurú parampara ha
protegido las tradiciones y las ha traspasado a épocas
sucesivas a pesar de los violentos tumultos de la historia
de esta tierra. Es la verdadera guardiana de las tradiciones
basadas en el mayor conocimiento supremo que fue transmitido
a los videntes védicos en profundos estados de meditación.
Atma, la
base de las tradiciones védicas La singularidad de la tradición
védica es que el objeto de su análisis no
es la materia sino el espíritu. Además, cuando
se analizaba la materia se consideraba como una evolución
del espíritu y no como una entidad independiente.
Al darse cuenta de la impermanencia de la materia, la atención
se enfocó hacia aquello que sobrevive después
de su descomposición. Así, desde el principio
las tradiciones védicas evolucionaron con el propósito
de influir no sólo en la vida sino más allá.
Las experiencias meditativas de los rishis y munis revelaron
que después de la muerte y descomposición del
cuerpo hay algo en cada uno de nosotros que continúa
viviendo. Durante toda la vida permanece como testigo, inspirándonos
y, algunas veces, dejándose vislumbrar. Pero esta visión
está fragmentada y no aparece como el flujo de consciencia
constante ininterrumpida que es. Esto significa que dentro
de nosotros está el que lleva a cabo las acciones y
el testigo. Este testigo se conoce como chetana, consciencia
o conocimiento, o mejor conocimiento consciente.
Para tener un vuelo seguro después de que esta consciencia
haya dejado el cuerpo, durante la vida hay que construir un
vínculo. Deberíamos ser capaces de identificarnos
con nuestra consciencia tanto como nos identificamos con nuestro
cuerpo y mente. Cuando el cuerpo muere y la mente se extingue,
esta consciencia continúa experimentando dimensiones
de existencia diferentes. Lo que hace a la vida humana distinta
de otras formas de vida es que como humano uno puede conocer
y experimentar esta consciencia en su propio cuerpo, sin morir.
La existencia última es conocer la consciencia.
Esto significa que después de la muerte la consciencia
se vuelve acorporal y se mueve como energía pura, pero
no tiene forma. Al no estar restringida por atributos físicos,
puede moverse en las diversas esferas que existen en tiempos
y espacios diferentes, así como más allá
del tiempo y el espacio. Estas esferas de existencia son conocidas
como lokas* y hay siete: bhu-loka (plano terrestre), bhuvar-loka
(plano intermedio), suvar-loka (plano divino), maha-loka (plano
de los santos y siddhas), jana-loka (plano de los rishis y
munis), tapo-loka (plano de las almas liberadas) y satya-loka
(plano de la vardad última). Esto se hace sólo
si se ha adquirido gati* o momentum (fuerza, velocidad) mediante
las acciones ejecutadas durante la vida. Naturalmente ciertas
acciones aceleran el momentum de consciencia, mientras que
otras lo retrasan. Estas acciones pueden ser clasificadas
aproximadamente como virtuosas o pecaminosas, pero para entender
la virtud y el pecado tendremos que redefinir estos conceptos.
Hay una concepción impuesta por la sociedad; todos
conocemos qué es lo que la sociedad ha clasificado
como virtud o pecado. Pero, curiosamente, cuando llega el
momentum de la consciencia hay un conjunto completamente diferente
de reglas que lo definen. La definición es una clasificación
más científica, como oposición a los
tonos morales y religiosos de los conceptos sociales. Este
conjunto de reglas es conocido como dharma.