El yoga forma parte de la
cultura védica, también denominada cultura sanatana
o eterna. No se trata de una religión, por lo que no
tiene una doctrina única. La mayor parte de las religiones
de hoy está basada en la doctrina de un preceptor,
un maestro, y sus enseñanzas se transmiten junto con
los conceptos de devoción, renuncia, fe y plegaria.
Sin embargo, la cultura sanatana incluye los pensamientos,
experiencias y enseñanzas no de uno, sino de miles
de preceptores desde hace siglos, cuyas revelaciones se han
transmitido con imparcialidad.
Las creencias
humanas se pueden dividir en dos tipos; por un lado están
las religiones locales, que surgen y, al cabo de mil o dos
mil años, desaparecen y otras toman su lugar; son
creencias o prácticas de acuerdo a la mentalidad
y cultura social del pueblo en aquel momento. Cuando hablamos
del auge y la decadencia de una religión hablamos
de esas prácticas y creencias que, al estar sujetas
al tiempo, están sujetas al cambio. No obstante,
existe otro tipo de creencias que no están sujetas
al cambio. ¿Por qué? Porque abarcan todas
las dimensiones de la experiencia humana. Esa parte del
dharma* es de naturaleza cósmica, tiene que ver con
la relación del ser humano con el Cosmos. Y es así
en tanto en cuanto incluye todos los valores eternos sobre
los cuales se basa la evolución humana. Por esa razón,
se llama la sabiduría cósmica, eterna, sanatana.
El concepto de esta cultura se basa en tres áreas:
Jnana kanda, el camino de la sabiduría. Se basa en
el conocimiento que una persona adquiere o debería
de adquirir en una vida a través de la experiencia.
Karma kanda, el camino de la acción. Indica el correcto
vivir y la forma de utilizar todas las facultades del cuerpo,
la mente, las emociones y el espíritu en el quehacer
diario. Upasana Kanda, el camino de la devoción.
Contiene los conceptos de entrega y fe en el Ser.
Las cuatro metas
La cultura sanatana postula que todos los aspectos de la
vida humana son relevantes para el crecimiento y la evolución:
todas las acciones, palabras y pensamiento, así como
su relación social y con el Cosmos. A partir de aquí,
propone cuatro metas a cumplir en la vida, que se denominan
purusharthas y son las siguientes: artha, la necesidad material;
kama, la necesidad emocional; dharma, la ética; y
moksha, la meta espiritual. El cumplimiento de estas cuatro
etapas se considera necesario para experimentar la plenitud.
Artha Es la riqueza material y todo lo que se relaciona
con nuestra vida externa, social. Podría ser dinero,
casas, ropa, fama, estatus social, prestigio, etcétera,
según los deseos de cada uno. Una vez que la persona
ha adquirido lo suficiente y está satisfecho, la
mente se libera de la ansiedad a este respecto y se puede
relajar. Artha es una de las metas que hay que cumplir en
la vida. La tradición sanatana, el yoga, el tantra
y el vedanta no condenan la riqueza material, lo que sí
desaprueban es una actitud egoísta.
Kama
Es la plenitud emocional. Todos tenemos necesidades y deseos
emocionales que deberían realizarse para llegar a
la tranquilidad emocional y mental. Es mejor satisfacerlos
para que no haya vacíos y ansias que no permitan
avanzar cuando uno quiere emprender un viaje espiritual.
Dharma Se podría traducir como deber o naturaleza
intrínseca. El dharma es la obligación o deber
hacia uno mismo, hacia el cuerpo, la mente y el espíritu.
Uno de ellos es, por ejemplo, mantener un estado de salud
óptimo. ¿Somos felices estando enfermos? No,
enfermar no es el dharma del cuerpo. Existen dharmas familiares,
sociales, morales y espirituales. Hay que poder realizar
cada uno de estos dharmas u obligaciones, no con indiferencia
sino con entendimiento y lucidez. Nunca se deberían
rechazar los cometidos que pueden beneficiar a los demás
y también a uno mismo.
Moksha Es el deseo de liberación. Según el
sanatana dharma, este deseo nace cuando estamos en la matriz
de la madre. El ser que se desarrolla no tiene nada con
qué ocuparse, vive en la quietud perfecta, en paz
y armonía. La madre lleva a cabo todas las funciones
por él: respirar, comer, etcétera. Son momentos
de armonía y de una falta total de deseo. Se dice
que el deseo de moksha nace en esa quietud. Esa experiencia
de plenitud se convierte en un samskara*, y es la fuerza
que nos motiva a buscar paz y beatitud durante la vida.
El pensamiento y la filosofía de la cultura sanatana
nos ayudan a satisfacer nuestros deseos y necesidades, a
cumplir con todos los aspectos de la vida para luego poder
seguir el deseo más profundo, el de encontrar un
estado de paz. Ésta es la tradición espiritual
que dio lugar al yoga y el sannyasa.
Los cuatro principios de la vida
Para llegar a los caminos anteriormente citados, la tradición
sanatana ofrece cuatro herramientas fundamentales: vairagya,
el no apego; viveka, el entendimiento correcto; shuddhata,
la virtud; y mumukshuvta, el deseo de perfección.
Vairagya
Es el primero de los cuatro principios, y nos enseña
a no sentir apego por los objetos, situaciones o experiencias
que nos proporcionan placer y satisfacción. El desapego
es una cualidad que se ha de cultivar lenta y gradualmente.
De hecho, se considera el primer peldaño de la vida
espiritual, porque hasta que no nos establecemos en el vairagya
es difícil observar o trascender los vrittis* o arquetipos
de nuestra personalidad.
Viveka
El segundo de los principios se suele traducir como discernimiento,
aunque tal vez sería más apropiado definirlo
como entendimiento y conocimiento correctos. Hay una distinción
entre el discernimiento y la percepción o entendimiento
correcto; el discernimiento está sujeto a nuestra experiencia
sobre lo justo o lo injusto, a nuestra creencia sobre lo que
es correcto o no. Esta discriminación, pues, también
juzga, y está relacionada con el ego o ahamkara*. A
menudo, la discriminación está nublada por las
debilidades de nuestra personalidad, por nuestras ambiciones,
por la naturaleza o guna* de nuestra mente. Viveka* corresponde
a una mente sáttwica*, puesto que no puede existir
una discriminación tamásica*. El entendimiento
correcto, en cambio, es el que nace de la sabiduría,
una sabiduría que no es conocimiento, porque el conocimiento
se puede adquirir, pero la sabiduría nace de la experiencia.
Shuddhata
El tercer principio es la virtud en la acción y en
la interacción. En el Bhagavad Gita, Krishna dice que
el manas (mente), vacha (el habla), y el buddhi (el intelecto)
deberían funcionar en armonía para poder adquirir
la virtud. La virtud nunca puede ser impuesta, ya que eso
corresponde a una actitud puritana. Hemos de poder observar
nuestra mente, habla e intelecto, y ser capaces de influenciarlos
para desarrollar la armonía con nosotros mismos, con
los demás y con el Cosmos.
Mumukshutva
Es el deseo de perfección. Este cuarto principio es
un concepto peculiar, porque, de hecho, abarca dos conceptos:
el deseo, que es una experiencia de la mente, y la perfección,
que está más allá de la mente. Ese deseo
conlleva todos los aspectos de la personalidad humana, desde
lo más burdo hasta el más sutil, y nos lleva
a replantear todas las dimensiones de nuestro ser.
Las cuatro etapas de la vida
Para facilitar aún más este trabajo, la tradición
sanatana divide la vida humana en cuatro etapas. Se llaman
los cuatro ashramas o etapas de la vida, durante los cuales
uno progresa hacia la perfección. Son brahmacharya,
grihastha, vanaprastha y sannyasa.
Brahmacharya ashrama
Es la primera etapa de la vida, desde el nacimiento hasta
los veinticinco años. En este período el ser
humano se dedica a acumular conocimientos para poder satisfacer
el artha, es decir, las necesidades materiales. Grihastha
ashrama Es la etapa que corresponde a la vida familiar, desde
los veinticinco años hasta los cincuenta. Durante este
tiempo, las personas se casan, forman una familia, y trabajan
para mantenerla a ella y a la sociedad, para saciar las necesidades
emocionales, el kama.
Vanaprastha ashrama
De los cincuenta a los setenta y cinco años es el momento
de retirarse. Pero no retirarse del trabajo y continuar la
vida según los propios deseos. Este retiro debe venir
después de haber alcanzado los dharmas u obligaciones
familiares y sociales. Es el momento de entender que todos
los seres, y sobre todo los de la familia, tienen su destino,
en el que es un sinsentido intentar influir. No podemos cambiar
el destino de hijos y nietos, sólo proveer samskaras
positivos.
Sannyasa ashrama Es la etapa de la renunciación,
desde los setenta y cinco a los cien años. No se
trata de vivir aislados, sino de mantener una actitud de
renunciante. Es mantener un equilibrio entre dolor y placer,
en la justicia y en la injusticia, trascender la dualidad
para llegar o acercarse al moksha, la liberación.