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Número 2

 


LA CULTURA SANATANA

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El yoga forma parte de la cultura védica, también denominada cultura sanatana o eterna. No se trata de una religión, por lo que no tiene una doctrina única. La mayor parte de las religiones de hoy está basada en la doctrina de un preceptor, un maestro, y sus enseñanzas se transmiten junto con los conceptos de devoción, renuncia, fe y plegaria. Sin embargo, la cultura sanatana incluye los pensamientos, experiencias y enseñanzas no de uno, sino de miles de preceptores desde hace siglos, cuyas revelaciones se han transmitido con imparcialidad.

Las creencias humanas se pueden dividir en dos tipos; por un lado están las religiones locales, que surgen y, al cabo de mil o dos mil años, desaparecen y otras toman su lugar; son creencias o prácticas de acuerdo a la mentalidad y cultura social del pueblo en aquel momento. Cuando hablamos del auge y la decadencia de una religión hablamos de esas prácticas y creencias que, al estar sujetas al tiempo, están sujetas al cambio. No obstante, existe otro tipo de creencias que no están sujetas al cambio. ¿Por qué? Porque abarcan todas las dimensiones de la experiencia humana. Esa parte del dharma* es de naturaleza cósmica, tiene que ver con la relación del ser humano con el Cosmos. Y es así en tanto en cuanto incluye todos los valores eternos sobre los cuales se basa la evolución humana. Por esa razón, se llama la sabiduría cósmica, eterna, sanatana.

El concepto de esta cultura se basa en tres áreas: Jnana kanda, el camino de la sabiduría. Se basa en el conocimiento que una persona adquiere o debería de adquirir en una vida a través de la experiencia. Karma kanda, el camino de la acción. Indica el correcto vivir y la forma de utilizar todas las facultades del cuerpo, la mente, las emociones y el espíritu en el quehacer diario. Upasana Kanda, el camino de la devoción. Contiene los conceptos de entrega y fe en el Ser.

Las cuatro metas
La cultura sanatana postula que todos los aspectos de la vida humana son relevantes para el crecimiento y la evolución: todas las acciones, palabras y pensamiento, así como su relación social y con el Cosmos. A partir de aquí, propone cuatro metas a cumplir en la vida, que se denominan purusharthas y son las siguientes: artha, la necesidad material; kama, la necesidad emocional; dharma, la ética; y moksha, la meta espiritual. El cumplimiento de estas cuatro etapas se considera necesario para experimentar la plenitud.

Artha
Es la riqueza material y todo lo que se relaciona con nuestra vida externa, social. Podría ser dinero, casas, ropa, fama, estatus social, prestigio, etcétera, según los deseos de cada uno. Una vez que la persona ha adquirido lo suficiente y está satisfecho, la mente se libera de la ansiedad a este respecto y se puede relajar. Artha es una de las metas que hay que cumplir en la vida. La tradición sanatana, el yoga, el tantra y el vedanta no condenan la riqueza material, lo que sí desaprueban es una actitud egoísta.

Kama
Es la plenitud emocional. Todos tenemos necesidades y deseos emocionales que deberían realizarse para llegar a la tranquilidad emocional y mental. Es mejor satisfacerlos para que no haya vacíos y ansias que no permitan avanzar cuando uno quiere emprender un viaje espiritual.

Dharma
Se podría traducir como deber o naturaleza intrínseca. El dharma es la obligación o deber hacia uno mismo, hacia el cuerpo, la mente y el espíritu. Uno de ellos es, por ejemplo, mantener un estado de salud óptimo. ¿Somos felices estando enfermos? No, enfermar no es el dharma del cuerpo. Existen dharmas familiares, sociales, morales y espirituales. Hay que poder realizar cada uno de estos dharmas u obligaciones, no con indiferencia sino con entendimiento y lucidez. Nunca se deberían rechazar los cometidos que pueden beneficiar a los demás y también a uno mismo.

Moksha
Es el deseo de liberación. Según el sanatana dharma, este deseo nace cuando estamos en la matriz de la madre. El ser que se desarrolla no tiene nada con qué ocuparse, vive en la quietud perfecta, en paz y armonía. La madre lleva a cabo todas las funciones por él: respirar, comer, etcétera. Son momentos de armonía y de una falta total de deseo. Se dice que el deseo de moksha nace en esa quietud. Esa experiencia de plenitud se convierte en un samskara*, y es la fuerza que nos motiva a buscar paz y beatitud durante la vida.

El pensamiento y la filosofía de la cultura sanatana nos ayudan a satisfacer nuestros deseos y necesidades, a cumplir con todos los aspectos de la vida para luego poder seguir el deseo más profundo, el de encontrar un estado de paz. Ésta es la tradición espiritual que dio lugar al yoga y el sannyasa.


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Los cuatro principios de la vida

Para llegar a los caminos anteriormente citados, la tradición sanatana ofrece cuatro herramientas fundamentales: vairagya, el no apego; viveka, el entendimiento correcto; shuddhata, la virtud; y mumukshuvta, el deseo de perfección.

Vairagya
Es el primero de los cuatro principios, y nos enseña a no sentir apego por los objetos, situaciones o experiencias que nos proporcionan placer y satisfacción. El desapego es una cualidad que se ha de cultivar lenta y gradualmente. De hecho, se considera el primer peldaño de la vida espiritual, porque hasta que no nos establecemos en el vairagya es difícil observar o trascender los vrittis* o arquetipos de nuestra personalidad.

Viveka
El segundo de los principios se suele traducir como discernimiento, aunque tal vez sería más apropiado definirlo como entendimiento y conocimiento correctos. Hay una distinción entre el discernimiento y la percepción o entendimiento correcto; el discernimiento está sujeto a nuestra experiencia sobre lo justo o lo injusto, a nuestra creencia sobre lo que es correcto o no. Esta discriminación, pues, también juzga, y está relacionada con el ego o ahamkara*. A menudo, la discriminación está nublada por las debilidades de nuestra personalidad, por nuestras ambiciones, por la naturaleza o guna* de nuestra mente. Viveka* corresponde a una mente sáttwica*, puesto que no puede existir una discriminación tamásica*. El entendimiento correcto, en cambio, es el que nace de la sabiduría, una sabiduría que no es conocimiento, porque el conocimiento se puede adquirir, pero la sabiduría nace de la experiencia.

Shuddhata
El tercer principio es la virtud en la acción y en la interacción. En el Bhagavad Gita, Krishna dice que el manas (mente), vacha (el habla), y el buddhi (el intelecto) deberían funcionar en armonía para poder adquirir la virtud. La virtud nunca puede ser impuesta, ya que eso corresponde a una actitud puritana. Hemos de poder observar nuestra mente, habla e intelecto, y ser capaces de influenciarlos para desarrollar la armonía con nosotros mismos, con los demás y con el Cosmos.

Mumukshutva
Es el deseo de perfección. Este cuarto principio es un concepto peculiar, porque, de hecho, abarca dos conceptos: el deseo, que es una experiencia de la mente, y la perfección, que está más allá de la mente. Ese deseo conlleva todos los aspectos de la personalidad humana, desde lo más burdo hasta el más sutil, y nos lleva a replantear todas las dimensiones de nuestro ser.


Las cuatro etapas de la vida
Para facilitar aún más este trabajo, la tradición sanatana divide la vida humana en cuatro etapas. Se llaman los cuatro ashramas o etapas de la vida, durante los cuales uno progresa hacia la perfección. Son brahmacharya, grihastha, vanaprastha y sannyasa.

Brahmacharya ashrama
Es la primera etapa de la vida, desde el nacimiento hasta los veinticinco años. En este período el ser humano se dedica a acumular conocimientos para poder satisfacer el artha, es decir, las necesidades materiales. Grihastha ashrama Es la etapa que corresponde a la vida familiar, desde los veinticinco años hasta los cincuenta. Durante este tiempo, las personas se casan, forman una familia, y trabajan para mantenerla a ella y a la sociedad, para saciar las necesidades emocionales, el kama.

Vanaprastha ashrama
De los cincuenta a los setenta y cinco años es el momento de retirarse. Pero no retirarse del trabajo y continuar la vida según los propios deseos. Este retiro debe venir después de haber alcanzado los dharmas u obligaciones familiares y sociales. Es el momento de entender que todos los seres, y sobre todo los de la familia, tienen su destino, en el que es un sinsentido intentar influir. No podemos cambiar el destino de hijos y nietos, sólo proveer samskaras positivos.

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Sannyasa ashrama
Es la etapa de la renunciación, desde los setenta y cinco a los cien años. No se trata de vivir aislados, sino de mantener una actitud de renunciante. Es mantener un equilibrio entre dolor y placer, en la justicia y en la injusticia, trascender la dualidad para llegar o acercarse al moksha, la liberación.

 

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