EDITORIAL
Con una buena dosis de optimismo les ofrecemos
este segundo número de nuestra revista, recomendando
también grandes dosis de humor.
Tanto el optimista
como el pesimista viven igualmente su vida y llegan a la
muerte por igual. La única diferencia estriba en
cómo cada uno de ellos habrá vivido cada instante.
La capacidad de
reírse de uno mismo, como los monjes que, según
se explica en la página 25, tienen como sadhana*
diaria reírse de sus propias idiosincrasias hasta
que les saltan las lágrimas, así como la de
saber ver toda situación con esperanza, son cualidades
que hay que cultivar asiduamente. Antes de abordar prácticas
más difíciles, es importante corregir las
malas costumbres de la mente.
¡Cuántos estudiantes de yoga
pueden recitar algunos de los sutras del Rishi* Patanjali,
estrofas del canto de Sri Krishna o algún texto de
Vedanta...! Sin embargo, estos versos no dejan de ser ideales
filosóficos para cuya conquista se requieren una
disciplina rigurosa, el ekagrata* ininterrumpido y una energía
inquebrantable. No hay duda de que el mejor camino para
alcanzar la plenitud es empezar por lo fácil, por
lo sencillo. Así lo demuestran las cinco cápsulas
diarias que dio Swami Niranjanananda, unas prácticas
sorprendentemente sencillas y extraordinariamente eficaces.
Con técnicas tan sencillas la mente hace un cambio,
abandona poco a poco sus tendencias negativas y se mueve
hacia la armonía y la luminosidad, que constituyen
su propia naturaleza.
En las siguientes páginas encontrarán
una somera descripción de esas prácticas,
que a su vez nos abrirán el camino hacia otras más
avanzadas.
Nos gustaría dedicar este nuevo
número a vosotros, nuestros lectores. Gracias por
vuestros comentarios y las numerosas suscripciones. También
queremos dar las gracias a nuestros colaboradores, sobre
todo a Swami Tirthananda y Swami Digambarananda, así
como a nuestro karma yogi Vedachitta, de Mallorca.
Y con esto, les deseamos que disfruten
del otoño y observen la naturaleza que les rodea.
Esperamos que tengan la oportunidad de desprenderse de lo
innecesario y de preparar cuerpo y mente para el frío
que se avecina. En ese proceso de desprendimiento, mi camino
favorito es el de dar, que se explica de maravilla en el
siguiente poema de Kabirdas.
Da, da con las manos llenas, da todo cuanto
puedas, Y, cuando ni siquiera te quede este cuerpo, ¿quién
se acercará a ti para decirte «dame»...?

..Ajanta
Suri
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