A los verdaderos practicantes de yoga este descubrimiento les resultará bastante obvio: los yoguis saben desde hace siglos que la disciplina conlleva excepcionales progresos. ¡He dicho disciplina! La mayoría de nuestros contemporáneos tiene aversión a la disciplina y le cuesta aplicarla. No hay duda de que es más fácil ceder a los lujos y el entretenimiento que la sociedad moderna ofrece tan generosamente.
Los niños, aún más que los mayores, están inmersos en un mar de deseos de escapismo a través de caprichos o juegos de ordenador cada vez más sofisticados. O al menos eso es lo que imaginamos. Tal vez resulte sorprendente descubrir que los niños no son incompatibles con las restricciones del yoga, y que a veces incluso llegan a pedirlas.
También es cierto que, en el curso de nuestra investigación sobre yoga para la educación, hemos hecho algunas imaginativas adaptaciones de las asanas clásicas. Los niños las encuentran dinámicas y las realizan con entusiasmo. Aun así, no las practican únicamente como entretenimiento. En otras palabras, ¿están las técnicas que proponemos basadas sólo en principios de divertimiento? ¡Por supuesto que no! Me acuerdo cuando presenté a un grupo de niños de doce años un vigoroso ejercicio llamado Saludo al trabajo.
A continuación describo cómo lo presenté.
Saludo al trabajo
Siéntate a una distancia de un palmo de la mesa que tienes enfrente. No te apoyes en el respaldo de la silla y mantén la columna erguida. Deja caer los hombros y suelta la tensión. Flexiona los codos y cierra las manos. Lleva los puños por detrás de la cabeza, abre los codos y presiona suavemente las manos contra la cabeza. Quédate quieto. Observa el aliento en las dos fosas nasales. Exhala e inhala lenta y naturalmente. En la siguiente exhalación, flexiónate hacia adelante con la espalda recta en un ángulo de unos 45 grados, hasta que el pecho toque la mesa. En esta postura, con los codos hacia atrás, haz que los omóplatos se toquen. Mira hacia adelante, no hacia abajo. Observa la respiración. Incorpórate lentamente mientras inhalas. Repítelo dos veces a tu ritmo, observando la respiración. |
Los niños realizaron el ejercicio con consciencia. Yo sabía que hacían un gran esfuerzo para seguir las instrucciones y completar el ejercicio.
Ahora, sentado con la espalda erguida, sin apoyarte en el respaldo de la silla, exhala lentamente a la vez que bajas los brazos y dejas reposar las manos suavemente sobre la mesa.
Lleva la atención a tu espalda. Siéntela. Observa que está erguida sin ningún esfuerzo, y hay una cierta relajación en toda la zona. |
A continuación les pregunté cómo se sentían. La respuesta fue unánime:
– ¡Oh, ha sido muy difícil! ¡Me dolían los hombros! ¡Me ha costado mucho!
– Si ha sido tan difícil, quizá será mejor que no lo repitamos – repuse. Pero entonces protestaron.
Querían repetir. – Pero si duele no puede ser tan bueno – insistí –.
– No, no, nos ha gustado – fue la respuesta general.
Aparentemente, era una paradoja.

Los niños sienten los resultados de estas prácticas, y por eso les gustan. De manera sencilla y efectiva el yoga les lleva hacia ese bienestar que la sociedad de hoy nos promete tan a la ligera.
Me gustaría añadir que continuamos con el Saludo al trabajo durante todo el año, y normalmente lo practicábamos antes o después de una lección difícil, que requiriera mucha concentración mental. Los niños veían que les aportaba una cierta fuerza, que empezando con el cuerpo llegaban a la mente y eso les nutría con algo de lo que su vida carecía: la autodisciplina.
Otro elemento sutil y esencial para el progreso es el silencio. Usamos varias técnicas para introducir la apreciación del silencio, que tiene que ver con el intelecto y el espíritu. El silencio desencadena el estímulo de ciertas áreas del cerebro. En los ratos de silencio –una verdadera bendición en este ruidoso mundo nuestro– la atención se renueva y la mente recupera su capacidad de reflexión. Después, la creatividad puede desplegar sus alas multicolores mientras uno continúa con su quehacer diario.

Juego de silencio
Éste es un ejercicio sencillo que a los niños les gusta mucho. Se puede llevar a cabo en una sala de yoga o en una clase, y sirve tanto para niños de primaria como para jóvenes universitarios.
Los chicos deben estar sentados, con los codos apoyados en la mesa, las manos sobre los ojos y el libro abierto en la página de la lección del día. El profesor debe adaptar las instrucciones según la edad y el nivel de comprensión de los niños.
Relájate completamente. Escucha los ruidos que llegan de la calle. Los ruidos del patio del colegio. Ahora todos los sonidos a tu alrededor. Quédate totalmente quieto y presta la máxima atención a lo que oyes.
Provocaré tres sonidos, uno detrás de otro. (Primer sonido, arrugar un papel. Segundo sonido, apretar el botón de un bolígrafo. Tercer sonido, un suave golpecito en la mesa.) Recuerda la secuencia y escúchala de nuevo mentalmente. Primer sonido, segundo sonido, tercer sonido.
Ahora voy a poner música, escucha con atención si quieres oír toda la pieza. (Se empieza a volumen normal y luego se va bajando hasta que se hace muy suave). Cuando ya no la oigas, escucha el sonido más cercano de todos: el de tu propia respiración en las fosas nasales y en la garganta. Escucha el sonido de la respiración, el sonido de la vida misma. Inhala y exhala. Suena como las olas del mar. Empieza a contar las olas. Cuenta siete olas. Al terminar, presta atención a los diferentes sonidos de la clase.
Escucha de nuevo la música y siente el cuerpo en la silla, los codos en la mesa. Cuando la música se detenga, abre los ojos y mira el libro que tienes delante. Lee en silencio la página abierta. Luego te haré algunas preguntas.
Ésta es una variación del Antar mouna, una meditación guiada, adaptada para una clase de niños. Es un ejercicio que incrementa la capacidad de atención y enseña a apreciar el silencio. Es una técnica universal que cualquiera puede emplear para desarrollar su capacidad de escucha. Con estas y otras muchas técnicas, el yoga puede inspirar muchos caminos nuevos en el área de la educación.
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