Cuando terminamos de meditar, desde el momento en que abrimos
los ojos, la paz que hemos acumulado desaparece gradualmente
a medida que nos empapamos de los sucesos del mundo exterior.
A veces pasan muchas horas antes de que tengamos la oportunidad
de meditar de nuevo, y durante ese tiempo tenemos que lidiar
con los conflictos, problemas, alegrías y penas de
la vida cotidiana.
La idea más generalizada sobre meditación es la de alguien sentado, absolutamente inmóvil con los ojos cerrados, pero en realidad, ésta es sólo una de las muchas técnicas posibles. |
Incluso Buda, el gran maestro
de la concentración, eligió meditar con los
ojos entrecerrados (en unmani mudra*).
Cerrar los ojos significaba dejar fuera al mundo, y ése
no es el verdadero objetivo de la meditación, sino
que la finalidad última es la integración
con la vida que nos rodea.

Una muy buena forma de adaptar
la meditación a nuestra
vida cotidiana es practicarla en movimiento, como por ejemplo
andando con absoluta concentración. Para entender
cómo funciona, son muy útiles las sesiones
de meditación dinámica,
en la que el cuerpo se mueve, los ojos están abiertos
y los sentidos bien despiertos para canalizarlos hacia una
mayor consciencia. Para ello, se puede practicar la fase
preliminar
de antar mouna* dando un paseo por un parque o jardín.
Lo primero es centrarse en
el sentido del oído, escuchar
los diferentes sonidos de los alrededores; luego se cambia
al tacto, y se percibe el suelo bajo los pies, el aire en
el rostro,
la temperatura, el calor del sol…; y por último
se pasa a la vista, para mirar lo que nos rodea con atención,
observar la sombra,
los colores, la forma de los objetos. Esto se puede practicar
de ocho a diez minutos por sentido. Naturalmente, hay que
andar bastante despacio para poder prestar atención
a los sentidos, y si es en grupo, preferiblemente en fila
india. Cuando
lo practicamos en nuestras clases, después de la
meditación dinámica volvemos a la sala de
práctica y los alumnos se
sientan tranquilamente para disfrutar de las vibraciones
de
este antar mouna.

Sin embargo, es muy difícil que
expliquen las sensaciones
que han tenido, pues normalmente suelen tener pocas ganas
de hablar (¡cosa rara!). En mayor o menor grado la
mayoría de
los practicantes experimenta un cambio definitivo en su
estado mental, dependiendo de su capacidad para continuar
con la práctica después de la clase.
A veces llevamos este experimento un poco
más lejos,
mientras exploramos los conceptos de samskara* y recuerdo,
y cómo éstos provocan respuestas y reacciones
tanto en situaciones de la vida cotidiana como en las sesiones
de meditación.

Entonces utilizamos la misma técnica
de caminar en meditación, pero nos limitamos a dos
de los sentidos: oído y vista. De esta manera, intentamos
descubrir cómo se desencadenan los sams-karas y los
recuerdos a través de la consciencia de los sentidos.
Esto también nos permite observar cómo las
experiencias sens-oriales desencadenan una nueva entrada
de samskaras, parezcan o no importantes al practicante.
La experiencia da muy buenos resultados
y nos abre los ojos
a procesos muy sutiles. La mayoría de los estudiantes
siente
que la vista es el sentido que más recuerdos despierta,
y que éstos tienden a ser de su niñez. Un
par de zapatos viejos, por ejemplo, puede hacer recordar
al abuelo; la forma de un árbol trae conmovedores
recuerdos de cuando jugábamos en el
jardín, etcétera.

También es interesante darse cuenta
de la influencia de los recuerdos en los pensamientos presentes.
Después de experi-mentar con dos sentidos durante
un rato, a veces pasamos, sin dejar de andar, a la observación
de los pensamientos espon-táneos (que es el segundo
paso de la meditación antar mouna), para observar
las impresiones mentales que florecen después
de la práctica.
En
definitiva, lo más importante de todo esto
es que
la consciencia de los sentidos puede aplicarse
en muchas situaciones diarias. |
Por ejemplo, mientras lavamos la ropa podemos experimentar con el sentido del tacto, mientras barremos, con el sentido del oído, y mientras comemos, con el gusto o el olfato.. |