EDITORIAL
En las últimas
décadas, el hatha yoga se ha hecho muy popular en
Occidente, muy a menudo sin tener en cuenta que es sólo
un peldaño hacia la verdadera práctica del
yoga. Sin embargo, muchos de los alumnos de hatha yoga descubren
otros aspectos de la práctica, y eso da lugar a preguntas.
Por otro lado, sobre yoga también existen muchas
ideas equivocadas; algunos piensan que sólo lo puede
practicar la gente que está muy en forma, otros no
osan acercarse pensando que es una religión o un
dogma de fe. Clarificar estas y otras dudas es el primer
objetivo de la revista que inauguramos con este número.
Hace muchos años
tuve un encuentro como por azar con un yogui. En este encuentro
corto y silencioso, me quedé completamente asombrada.
A sus sesenta años, su rostro dulce y joven brillaba
con dulzura; sus ojos, llenos de alegría, reían
constantemente como si conociera un secreto que iba a desvelar
en cualquier momento. Su presencia serena y tranquila era
mágica. Empecé a seguir sus enseñanzas,
y sólo puedo decir que me llevó a replantear
todas mis acciones y creencias y aprendí una nueva
forma de ser.
Swami Satyananda
dice que toda la creación evoluciona hacia la perfección.
En el curso natural de las cosas esto conlleva miles de
encarnaciones, pero con la práctica de yoga podemos
llevarlo a cabo en una sola vida. Me gusta pensar en la
práctica de yoga como una carrera contrarreloj, o
si el tiempo es sólo subjetivo, como una carrera
contra la propia ignorancia y letargo.
Con gratitud hacia
él y la ciencia de yoga, esta revista es una humilde
ofrenda a todas aquellas personas que necesiten un cambio
en su vida.

..Ajanta
Suri
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